viernes, 21 de febrero de 2014

Solo triunfa quien nunca deja de luchar

      He leído miles de frases sobre la importancia de valorar la vida, sobre las segundas oportunidades o la lucha implacable frente a lo malo, lo injusto, lo frustrante. Sin embargo no me salió ninguna Gonza la primera vez que te vi, tras el accidente, pues pensé que no había forma de sentir lo que sentías...había que vivirlo en carne propia para saber que pasaba por tu cuerpo, tu mente y tu corazón.
     Supe entonces que lo único valioso que podía y debía hacer era acompañarte a vos y tu familia en cada nuevo emprendimiento destinado a mejorar tu calidad de vida.
     Es necesario aquí Gonzalo hacer una pausa para explicarle a mis lectores quién sos y qué te pasó. No sé los detalles ni tengo muy presente las fechas, pero poco importa...la referencia será general y empapada de mis sensaciones: Gonzalo es de esos ex alumnos que uno inevitablemente recordará como "el revoltoso" (perdón Gonza pero la verdad no duele, ajaja). Ese, que uno deseara que faltara en su clase pero que a la vez notaba su ausencia (extraño síndrome docente si lo hay). Tras haber terminado el cole tropecé un día en la sala de profesores con la triste noticia de su accidente, pero debo admitir que escuché a medias y no registré a fondo el hecho. La culpa me atravesó meses después cuando vi una nota sobre su caso en La voz: Gonzalo había sido atropellado cuando manejaba su motocicleta y abandonado en la vía pública por un cobarde que merece otros tantos adjetivos. Tras pelear por su vida, intentaba recuperarse; buscaba testigos y pedía ayuda económica para enfrentar su tratamiento pues el ya no podía trabajar: estaba postrado en una cama. El sentimiento de culpa decía me atravesó...no había hecho nada por él hasta ese momento. Llamé entonces al celular y allí conocí a su madre...desde ese momento me sumé a cada proyecto, campaña o acción destinada a conseguir medicamentos, recaudar fondos, buscar contactos en los medios.
    Y un buen día me animé, y fui a verlo. Dolió, mucho. Porque un alumno no es un hijo pero está cerca de tu corazón y es inevitable que su éxito te alegre y su dolor...sencillamente te duela.
   Y así fue Gonzalo. No supe que decir...preferí seguir "haciendo" era más útil desde ese lugar. Peleaste primero por tu vida; más tarde por buscar justicia; después por conseguir que la mutual se hiciera cargo de tu rehabilitación lo antes posible porque sino todo volvía al punto cero. Y a la par, una familia que lo dejó todo para acompañarte, llorar, sufrir, soñar y sobrevivir a la tristeza.
    Fuimos muchos los que motivados por esa familia que luchaba sin cansancio sumamos esfuerzos, oraciones, trabajo, aliento. Todo, absolutamente todo, sumaba al deseo de verte bien, entero, abrazado a la dignidad que ese mal parido te había quitado.
    La segunda vez que te vi, estabas entusiasmado porque finalmente la obras social había cedido y estabas a pleno con la rehabilitación...habían tardado tanto! Sin embargo te vi increíblemente sereno, sin remordimientos. Me contaste que ya no tenías demasiado interés en buscar a quien te atropelló: "De que me sirve profe. Lo encontramos. Va preso...cuánto? 4 años es la pena máxima que conozco. Y después? El sale, recupera su vida, su familia y yo? Yo no profe...yo voy a seguir en la silla. Qué sentido tiene que lo odie. Dios hará justicia algún día" sentenciaste. Duro, doloroso pero lleno de sabiduría!
    El camino del rencor no tenía sentido, había que buscar otro. Y te entregaste al camino de la recuperación. Los médico, de s hicieron su parte pero vos, vos sos el artífice de tu nuevo presente. Después de algo más de un año en el que seguramente mordiste la almohada millones de veces para que no te escucharan llorar, hoy la vida da revancha: estás trabajando en el mismo supermercado en el que lo hacías antes del accidente. Tampoco fue fácil, la burocracia también demoró ese sueño...pero tenés una vieja que debe tener piernas de atletas a esta altura de tanto caminar por pasillos desiertos y callos en las manos de tantas puertas que golpeó a la que la burocracia ya no la asusta.
    Nada está dicho, resta un largo camino por recorrer. Nada será igual que antes de ese 25 de noviembre de 2012, de eso no hay dudas. Pero lo valioso mi querido Gonzalo es que cual un gladiador estás siempre dispuesto a dar batalla porque tempranamente aprendiste que "Solo triunfa quien nunca deja de luchar".




No hay comentarios.:

Publicar un comentario